sábado, 26 de diciembre de 2009

Serie Tríos - LAS ALEGRES COMADRES DE LA ESQUINA DEL SOL por Cynthia Grinfeld


LAS ALEGRES COMADRES DE LA ESQUINA DEL SOL

Son tres diosas. Aglaya, Eufrosina y la joven Talía quien se dedica a disfrutar de ese
tercio de pan francés, en donde yace como tendida una mariposa, una feta de salame.
Mientras dirige su inocente belleza al costado desprolijo de la calle, Eufrosina que no es
precisamente la alegría de vivir, reniega del encanto estival, y con expresión de tedio,
sólo augura la digestión de un metabolismo cargado de dulces y de lípidos.

Ellas tres, divididas en grupo, no intentan ser las hijas del dios Zeus ni de la ninfa
Eurínome.

Ellas son Aglaya la espléndida, Eufrosina la del tatuaje insecto poco alegre, y la
pequeña Talía la que encuentra regocijo en el acto de masticar.
Son tres como las Gracias, y presiden el banquete de los pobres.
Ignoran bailes y toda ocasión social festiva, aunque son incapaces de renunciar al placer
de la carne asada.

Ellas no son de las audaces que juegan a brindar felicidad .
Pobres mujeres sin gracia, sin rapsodias y sin blue. Cubren sus ideas con una gorra roja
a la que llaman cap.

No saben de la divinidad del amor y por ende… nunca han visto ni han de ver a las
musas. No tienen idea de lo que para otros, es una revelación divina. Una escultura, un
pentagrama , un poema o un mero dibujo nacional.

A ellas les fascina lo importado. Lo que viene de lugares que ignoran en que parte del
mundo están. Porque ellas mismas han vendido su cerebro, lo han exportado mal.
No es el agujero de ozono lo que cubren con la gorra colorada… es su triste vacío
mental, que no les deja chance de pensar o de elegir.

Pobres diosas, dos a rayas y dos con anteojos de sol…no es como se dice vulgarmente,
panza llena corazón contento.
Eufrosina es cabal testigo de esa impertinencia. Lo expresa con su rostro, con su piel,
son su mirada y con todos sus poros.

Es en sí misma, un grito demudado que nunca alcanza a salir porque ella se muerde los
labios. No mastica hidratos como las otras dos, ella mastica la amargura y el hastío,
haciendo un gran esfuerzo para no dar lugar al resentimiento.

Tres puntos rojos se ven desde lo lejos. Son tres gracias, son tres diosas, tres mujeres
envueltas en los paños fríos de una globalización que les llega de a gotas, y que se las
devora a cada paso. Consumidoras consumidas, consumadas, sudadas, esperando la
carroza en plena calle. Avenida Frías esquina Lamentación.

FIN
Cynthia Grinfeld

Serie Tríos - CATARSIS DE DOMINGO por Cynthia Grinfeld


CATARSIS DE DOMINGO


Te veo y sos la excusa perfecta para una catarsis de domingo. Tres formas distintas de
mostrarte en público. Una trinidad de posibilidades en donde lo santo se ha borrado.
Se te pinta, se te esculpe y se te reza… un trío constante en estos treinta tríos.
En nombre del padre… de cuál?
Del hijo? Por Dios!… del espíritu santo? Esto de espiritual no tiene mucho.

Yo me pregunto querido Jesús,¿ por qué ese morboso placer de mostrarte siempre
sufriendo y desangrado? ¿por por qué los clavos?
Si la evolución existe y humanos somos, no sería hora de mostrarte más como el super hombre que todos llevamos dentro? Dónde está lo divino de la crucifcción?
Si acaso se te viera resucitando y renanciendo, sería una esperanza para todos los
mortales, pero tampoco eso.

Te pintan de colores, te proponen en diferentes tamaños, pero lo que te trasciende a
vos, no llega a todas partes; y el tiempo circular nos envuelve en una maraña de
sentimientos y de ideas que van llevando a la Tierra, a un espacio nuevo de no creencia,
de contradicción y de pena.

No sé a qué se debe la exaltación de la cruz; hasta se usa esto para nombrar lugares o
caminos. Un camino a la tortura?

Y vos nos mirarás seguramente muerto sí, pero de risa cuando no enjugando lágrimas
por tan triste destino. El nuestro… el tuyo… basta con ver en lo que se han convertido
los mensajeros de tu palabra…irónico verdad?

Te muestran sometido y no rebelde… te muestran vencido y evocando el supuesto
abandono de tu padre, todo eso es mentira.
Yo creo que nunca te diste por vencido y seguirás amando al prójimo como a vos
mismo, porque tu victoria está en que cada diciembre se te vea nacer de nuevo.
La cruz no ha podido con el amoroso humano. No puede la muerte con la esperanza de
un retablo noble.

Y ese halo que rodea tu cuerpo luminoso…pensar que se cree que es al revés… y sin
embargo sé que sos vos irradiando verdades.
Mirá Jesús, yo creo que el tiempo circula y no creo que vos quieras que cada uno lleve
una cruz colgando del cuello o a las espaldas.

Te pido perdón porque hemos quedado tontos… hemos quedado necios…
De tanto verte crucificado y muerto, hemos perdido el sentido de la vida… nos
matamos todos los días, nos crucificamos y nos olvidamos de vivir.
Yo prefiero verte sin ese pañal absurdo y sin corona… porque vos…
sos otra cosa querido Jesús.

Somos tan pequeñitos… un planetita chiquito con habitantes que tienen aires de
soberbia. Cuántas veces te han crucificado en las fábricas que te producen en serie? Aún
hoy la gente te fabrica crucificado… es una locura querido Jesús, una verdadera y loca
hipocresía, que tiene a la fe como rehén.

Pero no te preocupes amigo querido, porque estás libre, más allá del bien…. y del
mal….

FIN
Cynthia Grinfeld

Serie Tríos - CAPRICORNIO, SATURNO Y SAN VICENTE EL ISRAELITA por Cynthia Grinfeld


CAPRICORNIO, SATURNO Y SAN VICENTE EL ISRAELITA

Otra vez… aquí estamos las tres, no las tres no! Los tres! Es lo mismo…

--¡Ay Saturno! Qué diría mi abuela, si me viera aquí en estas condiciones…

--¿Cuál abuela Capricornio? ¿La de Chialtan o la de Bezoar?.

--La de Bezoar, Saturno… esa que tenía los cuernos como las torres de Gaudí.

--No sé si podría decir mucho Capricornio… al final era sorda y la lana no le dejaba ver
nada. Recordarás que leímos en los documentos, que en ella era notable…
Hacé memoria Capricornio.

--Por más que pase el tiempo… ella dejó en todos una impresión enorme.

--No es para menos, interviene San Vicente el Israelita… su dimorfismo sexual, era una
exposición que haría temblar a cualquier museo de occidente.
Los que están en el Viejo Mundo no entienden nada de geometrías. Están demasiado
ocupados en mostrar su machismo occidental.
Ni siquiera se han percatado de quienes somos en la realidad…. Ay ay ay! ¿Que sería de
la Tierra, sin nuestros ojos azules? Sin los semáforos celestes que ven los locos cuando
balan en el Cono Sur…

--Bueno… por esos lares hay ventajas. Ya el hecho de estar formando parte de un
triángulo, dispone a esas personas a tener una clara comprensión y un elevado criterio,
en relación a la vida en los campos, que viene a ser nuestra especialidad.

--¿Verdad que sí San Vicente el Israelita?

--Saturno… la vida ha cambiado. Ahora están las cabras de la posmodernidad. Se afligen
por cualquier cosa… que si llueve, que si no llueve, que si plantan o cosechan o si
cortan una ruta…
Las cabras ya no son como cuando nos criaron… ahora es pura indulgencia, límite cero
y cambio de balardigmas… hasta hay algunos desgraciados que confunden a las
nuestras con ovejas porcinas. Es el colmo.
--¡Hagamos una muestra de disgusto Capricornio! Empecemos por mostrar lo que sabemos hacer. Si nos ponemos esta noche las zapatillas de media punta, podemos ir al campito de Aníbal y pedirle a Alberto que nos abra la puerta para poner la música adecuada.

--Capricornio, San Vicente el Israelita… ustedes están completamente fuera de foco.
Esto no es Etiopía. ¿Se dan cuenta de lo que planean hacer? Por favor…

--Saturno tiene razón… no estamos pensando bien. Hablamos de las zapatillas de media
punta, y no hemos tenido en cuenta el vestuario y los accesorios. Pensemos… ¿qué va
mejor con los cuernos de cada una?

Capricornio se queda pensando y propone una pregunta.
--¿Qué tal si hacemos diademas con los porotos de soja? Parecerían perlitas.

--Yo no pienso dejarme sojear dice San Vicente el Israelita. Corona de espigas o nada.

Saturno mira con incredulidad, y su cara ya no parece de cabra sino de vaca. Está
boquiabierta, asombrada, pensando en algún recuerdo de pedagogía rusa para hacer
entrar a estas dos en razones.
Se le ocurre apelar a la música, y comienza a soplar en su trompeta.
Son las tres de la mañana.

Luis que se había recostado un rato y dormitaba tranquilo sobre la paja, se despierta
brotado de odio. Lo primero que atina a hacer es a dar una patada y agarra un palo.
La sangre le ha manchado el rostro y la presión le ha trepado vertiginosamente. Sale
desorbitado a la madrugada, dispuesto a vengar su sueño interrumpido por las cabras.
Las ve distraídas y comienza a excitarse pensando en su golpe de gracia.
Imagina en un segundo el pasto teñido de rojo con la sangre de las tres, y va juntando saliva en la boca para escupirlas. Cuando ya se apresta a golpearlas, levanta sus brazos toscos que lucen
su camisa transpirada y ya en el segundo fatal, el que hace que la realidad cambie para
siempre, se escucha el sordo ruido de las rotas cadenas que lo golpean una y otra vez.
Va cayendo muerto al suelo, los ojos abiertos como disfrutando de la tenue luz de la luna,
mientras Tatadios el caballo , relincha alzado sobre sus dos patas traseras, contrastando
su lomo negro azulado con el paisaje blanquecino.
Mientras... las tres cabras vestidas con tutu, laureles, trigos y porotos danzan la música del fauno.

FIN
Cynthia Grinfeld

Serie Tríos - BUSCO SOMBRA PARA PODER DORMIR por Cynthia Grinfeld


BUSCO SOMBRA PARA PODER DORMIR

Me llamo Khuhan Li y busco una sombra para poder dormir. Hace años que no
descanso y quiero dormir. Estoy cansado de no poder vivir a la sombra de mi propia
existencia.
Camino por las noches y parece que las estrellas se empeñan en brillar poco
para mí. Se apagan a mi paso. No consigo proyectarme en ningún lienzo.
Michiko en cambio, tiene la virtud de ver su parte oscura.
Es que ella, Michiko, puede dormir.
Hace tiempo que la envidio. Me saca de quicio, que ella pueda disfrutar del descanso y
que no tenga los problemas de insomnio que tengo yo.
Al contrario… para ella todo es fácil y doble. Así como se lee…
Ella es una virtuosa de las dualidades. Puede tocar el piano mientras piensa en el
examen de mañana. Puede mirarse al espejo y siempre se duplica.
Si se saca una foto, sale en dos. Se peina con dos colitas que le cuelgan una a cada
costado de su rostro, y se viste con trajes de dos piezas.
Y duerme… duerme en una cama de dos plazas, se distiende a la noche y también a la
mañana. Yo en cambio, perdí mi sombra, mi descanso y mi paz.
Vivo obsesionado por encontrar un matiz que me de el indicio de que hay un claroscuro.
Ni siquiera tengo una contradicción para poder aliviarme. Vivo en la certeza de que mi
figura simplemente camina desolada y desnuda.
Paso frío; y cuando llueve, no tengo forma de guarecerme. Me siento muy desprotegido
y también cansado.
Si tuviera la incertidumbre… encontraría esperanza y fuerza para seguir adelante en este
camino que es tan blanco.
Blanca mi remera blanca, como el fondo de mis ojos. Todo blanco sin pulso, sin sangre,
sin fiebre.
Hoy, he tomado una decisión… me quedaré aquí parado, delante del afiche rojo, para
que todos me saquen fotos. Quiero que los flashes me traspasen y que mi huella quede
impresa en el fondo de esta lámina púrpura, que muestra a Michiko, repetida dos
veces.
Después de lograr ver a mi sombra aunque sea una sola vez, estoy dispuesto a morir.
Ofrezco mi vida a cambio de mi sombra. No estoy loco. Estoy desesperado…
Quiero dejar de buscar y abrazar a mi parte negra. Fundirme con ella y descansar en
paz.

FIN
Cynthia Grinfeld

Serie Tríos - HABITANTES


HABITANTES

Yo me habito, me envuelvo, y me retorno en la transformación. Existe la mariposa
dentro del capullo.
La vida, la música y los tiempos en su incesante manía de rodar hacia el espacio cada vez a mayor velocidad.
El Universo es una perfecta sala de juegos en donde hay trompos, marionetas, disfraces,
caleidoscopios y colores.
El arte como una galaxia, sublime explosión cósmica de estrellas, de luces, un todo de
amor.
Castillos y pólvora. Artificio en el poder de cambio, transmutar y cambiarse la piel de
las ideas, entrar y salir de ellas como un buzo lo hace en la profundidad del mar.
Como los peces que recluidos en una pecera pobre, juegan a ser príncipes entre castillos
truchos y piedritas de colores.
No muy diferente situación a la de los indios con los espejitos, mientras en algún eco
del mundo se aparece Kierkegaard motorizando a la angustia.
Parece que la sube en una moto con destino a las nubes, más allá de las lágrimas.
Los mapas mentales de un endometrio loco, que a veces se engrosa y sangra, y otras se
afina dibujando una ténue línea de normalidad.
El sistema hormonal en su anarquía, hace de las almas su circo. Y en este despliegue de
adrenalina y endorfinas, se busca un balance, una homeostasis que le permita al paciente
columpiarse en un centro etéreo, donde la palabra se transforma en música y los oídos
en abrazos.
Hay tres. Uno no mira, el otro no escucha y el tercero no habla. Patética imagen de
pobreza espiritual. Nos han mal enseñado que eso es sabiduría.
Rompo la roca para que brote el agua, como un Moisés que se fragmenta en espejos
seculares.
La historia triste de la humanidad confundida, que vaga por desiertos encuentra
dulces espejismos.
Qué sería de la vida, si gracias a Dios no existiera la muerte? Yo la reinvidico en su
bondadosa criatura.
Nunca imaginamos a la muerte como un niño que invita a otro juego y en pos de
privilegiar la vida, con su estampa elegante y armoniosa, la estamos alejando de su
pureza primitiva, por envidia, por mezquindad y por idiotas.

La ironía y el materialismo están devorando con lenguas de fuego al corazón humano, y
la razón lucha. El tiempo corre… es hora de ver, de escuchar y de hablar.

FIN
C. Grinfeld

sábado, 5 de diciembre de 2009

3 de Diciembre "Día del Médico"


En mi caso, hablar del día del médico, es como hablar del día del padre.
Pues ambos calificativos convergen en un mismo hombre.
Qué felicidad, qué orgullo, poder saludar a mi padre en este día!
Hablar con mi hermano y que me diga: Papi es un ser excepcional. Como profesor, de una trayectoria impecable y una dedicación exquisita.
Nosotros sabemos que vos sos vos mismo, con tu humanidad amorosa, la que cultivás día
a día. La que nos da ejemplo. La que te hace ser tan reconocido por tus pacientes y tan amado por nosotros, tus hijos.
Porque desde que te conozco, ayudás a las personas a que sufran menos. Porque
sos experto en el arte de curar y porque yo se, de tus momentos de soledad, cuando
la música te acompaña y simplemente te dejás contener por los compases.
Pero ninguna batuta, puede ser bisturí, ni analgésico,ni antiinflamatorio, ni fármaco
ni nada, si no se comprenden los dolores del alma.
Feliz día del médico, papi de mi corazón!


Cynthia Grinfeld

domingo, 8 de noviembre de 2009

Triángulo de cinco - cuento - por Silvina Arakaki

Triángulo de cinco

Un día, Silvia se dio cuenta que estaba cansada de vivir con un marido tan aburrido. Desde que se levantaba hasta que se acostaba no hablaba de otra cosa que no fuera las civilizaciones preincaicas, cosa que lo fascinaba.
Ella volvía de sus clases de gimnasia, o de sus maratones, cansada, transpirada y él la apabullaba con historias de excavaciones apasionantes y detalles sobre la adoración a la pachamama, que para ella eran jeroglíficos egipcios y que nada tenían que ver con carreras cronometradas o records superables.
Cómo se habían enamorado, ya no lo recordaba y menos, cómo habían durado tanto tiempo casados.
Por eso, cuando Silvia conoció a Pedro el albañil, todo músculo y todo movimiento, quedó impactada. Disfrutaba del buen humor de Pedro, simple y llano, que solo buscaba pasarla bien con esa mujer insatisfecha y bien formada. Además sabía que ella no pretendía más que eso.
Pedro, a su vez, tenía una esposa trabajadora y sumisa. Marcelina era su nombre y estaba criada a la antigua, cocinaba comidas caseras y autóctonas , pues portaba una tradición muy arraigada, y sus orígenes se remontaban a los pueblos originarios de los cuales se sentía orgullosa. Su problema eran los celos.
Ésto provocaba en Pedro el efecto de un afrodisíaco, pero con Silvia. Le incrementaba el entusiasmo y la precaución en cada salida, para lo cual se preparaba durante varios días, cuidando hasta el menor detalle.
Cuando salían juntos, se encontraban siempre en el mismo lugar, para evitar sorpresas; un albergue algo alejado, regenteado por Juan Carlos, un tipo simpático, muy discreto, de ojitos chiquitos y de mirada aguda, que al verlos ya les abría la puerta para que no se demoraran afuera. Así los protegía de las miradas indiscretas.
Después de varios meses, ya los tres se habían hecho amigos, y cuando Silvia llegaba temprano se quedaba esperando en compañía de Juan Carlos. Cuando llegaba Pedro los encontraba charlando amigablemente.



En oriente, el número tres es sinónimo de buena suerte. Por lo tanto los orientales tratan por todos los medios de poner en el plato tres bocaditos, de agrupar a las personas de a tres o de obsequiar tres objetos juntos, aún de diferentes tamaños.
Pero aquí, en occidente, entre nosotros, tres significa otra cosa. Es indudablemente un terceto, un triángulo o en este caso un problema.
Por eso esta amistad triangular no podía durar.
Las llegadas tarde de Pedro, que al principio molestaban a Silvia, terminaron siendo una buena coartada para Juan Carlos, que a pesar de sus ojo chiquititos veía bien grandes las curvas de Silvia.
Ella , a su vez agradecÍa la compañía de Juan Carlos durante la espera, y se dio cuenta que sin tener tanto músculo, Juan Carlos era un tipo más que agradable.
Además, a éste ni le interesaban las tumbas de los preincaicos , ni los secretos de una buena construcción, y hacia allí apuntó Silvia.
Por el otro lado, el marido antropólogo de ésta, sospechando que su mujer no solo llegaba cansada por correr maratones, decidió seguirla y descubrió que una tarde salía junto a un hombre, del albergue de Juan Carlos. Allí se separaban y el antropólogo siguiendo tal vez su intuición en vez de encarar a su mujer, decidió seguir a Pedro hasta su casa para pedirle explicaciones. Al tocar el timbre, se asomó Marcelina, que al ver a ese hombre tan extraño de pantalón corto y chaleco de cuero, quedó profundamente impactada. Éste , a su vez al observar los rasgos aindiados de la mujer , emocionado creyó haber descubierto ese eslabón perdido que tanto había buscado, olvidándose por completo a qué había venido.
El final es casi previsible: Silvia se quedó con Juan Carlos y su marido aún sigue hoy embelesando a Marcelina con sus anécdotas, generalmente inventadas sobre viajes fabulosos a civilizaciones remotas. Y por fin Pedro, y bueno, extrañará por un tiempo la comida casera.
Silvina